No me engañaré más, por compasión hacía mi corazón.
Al que le quitaste tu respiración. ¿Cómo pensabas que sobreviviría?
No pensaba escribir más sobre ti, hasta que nos vi en esta canción, en la letra, en los acordes, en las sonrisas.
Te leo en cada historia de amor, en cada escritor.
Me resulta tan difícil escribir esto pero… Nunca más volvernos.
El mundo lleno de palabras y yo asumiendo esas tres.
Ya nunca volveremos a llegar tarde.
Ya nunca más sentiré tus dedos desenredando mi pelo con color de sol.
Dejé de sentirte.
Te esfumaste como el humo de un porro, en una cualquiera noche fría de los bancos del parque, mezclado con aquel aliento de esa puta.
Me informan de que es poco compatible.
Sistemático con los sentimientos, los que perdió junto a su primer amor, los perdió por esa puta cerveza, la misma que le llamaba a las cinco de la madrugada a grito pelado, desde la ventanilla del coche rojo o desde un móvil a 15.923 kilómetros, nada nunca la paraba.
Me suplica que cierre los ojos y sin articular palabra me abre las piernas.
Que pasen las noches en mi almohada, por favor. Un par, dos, nadie más.
Que pase lo que tenga que pasar.
Para colocar tus recuerdos con hierba, calculaste mal con los gramos.
”Me vendo a cualquiera que quiera un porro pa dos”
”Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie.
Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro.”
”Aspiro a todo sin aspirar a nada.
Aspiro a millones de dejavús futuros que se conviertan ante mis ojos.
Aspiro a las mismas palabras de siempre de manera diferente,o igual,que más da,son ellas en esencia.
Nosotros somos los mismos en esencia. Aspiro a no olvidar,y a no tener por que hacerlo.
A promesas hacia tí,que sé que cumpliré.
Aspiro y respiro.
Te quiero cuando llueve y te quiero siempre.”
Apostaste a la ruleta rusa.
Todas las noches las he pasado abrazada a tu recuerdo pero tu recuerdo murió, se fue junto a ti atravesado por la carta en los brazos de aquella puerta, que a diferencia de cambiar el mundo, cambiaste cuatro vidas.
He escupido dolor por todas las paredes.
He recorrido miles de kilómetros con mi nostalgia.
He cambiado de cuidad tres o cuatro veces y las he ido bañando de color negro.
Voy a gritar ”eso es pasado”
Ahora que estas callado te permites el lujo de escucharme.
Ahora que estas viejo te permites el lujo de verme.
Ahora que no estas te permites el lujo de quererme.
Ahora y siempre has sido un muro cuando necesitaba frenos.
He llorando tanto contigo que se me olvidaba lo reído.
Ojalá ni una pequeña parte de un milésimo de segundo en el que me sigas llenando de vacíos y mentiras, para que me pese el equipaje a cuestas.
No quiero más baños de hipocresía.
Pappa betalar.
”Allí donde solíamos gritar”
La suerte es otra cosa más relativa.
Para unos la suerte es ir andando por la calle, meter la mano en el bolsillo, coger la primera cosa al alzar y sacar un euro que dabas por perdido.
Para otros la suerte se basa en ganar la lotería.
Para mi la suerte ahora mismo es recordar el día anterior sin poder créemelo ni sacarte de mi cabeza.
Lo más relativo que conozco es la felicidad.
La felicidad me recuerda a las noches sin dormir por la emoción de que te deparará el día siguiente, ese fin de semana que llevas esperando seis meses, que pasa más de quinientas tres veces por tu cabeza, sin secar los vasos correctamente debido a los viajes que te pega ese entusiasmo que creías perdido.
Nos unen los domingos, las cosas ridículas y simples.
Nos unen los porros, alto y claro.
Nos dejamos con prisa.
¿Motivo? El año que viene nos volveremos a ver. Viña Rock 2013-20…

No estoy para bailar, quiero que estés aquí, quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo y pensé que era imposible, era veintiséis
Así que esperaré, a mediados de la semana que viene cuando entonces sea tarde.
¿Sabes ? no sabía lo que era echar de menos, hasta el día en que a las cuatro me retiraba a mi casa a fundirme con la cama para leer algún libro de aquel escritor fracasado.
Ni tu vas a aceptar que te duermes queriendo despertarte conmigo, ni yo voy a estar ahí, siento decirte que te va a doler haberme conocido.
Después de mi vendrán cincuenta fotos más, con sesenta y ocho nombres sin apellidos, miles de canciones.
Hora del adiós mañana a las tres.
Mi alternativa contra la preocupación de perder el autobús es perderlo.
Me estoy muriendo de sed y a ti solo se te ocurre traerme los restos de fiambre que dejaste aquella noche en tu roñosa nevera.
Desde que no encuentro mi sitio en la estación no me quedo a esperarte.
Tengo que explicar que lo que siento no es sed sino disparos.
Podría llamarlo juego. Como el que hacia en mi juventud.
Era la reina, extinguía la educación del patio y aquellos maleantes que nos enseñan a sumar guerras.
Pero me tengo que ir, recoger la diversión, sentarte correctamente en la mesa, comer con cubiertos y dormir tras el mismo cuento con el mismo final de cada día a noche.
Yo nunca he querido crecer por miedo a la pena legal de mis travesuras, soy una pequeña tirana inocente.
Te digo cualquier tontería para callarme cualquier cosa importante, la cosa más inevitable, tratándose de ti el más heterosexual.
Te escribo porque no quiero olvidarte, te escribo para poder olvidarte.
Te sueño para no pensarte, sueño con no soñar con tus manos, pies, estómago, tu polla, tus venas, tu fiebre…
Llámame.
”Lo quise tanto que acampé en su ombligo
y allí pasé las noches de frío invierno
y desde allí
salía y a pocos pasos jugaba con su polla,
que siempre me recibía atenta
cual maravillosa anfitriona.
Él era un escondite perfecto para no ver la mierda del mundo
y llegó un momento en que no quise salir mas,
lo más lejos que llegaba era a sus piernas.
Y aunque ahora recuerdo aquellos días con nostalgia
sé que ningún cuerpo puede ser una casa,
ningún ombligo un refugio
que la vida es más que un trozo de carne,
más que una mirada
más que una persona,
por perfecta que esta sea.”
Maria Ruiz Faro